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Seminario de Cachorros impartido por Mas que Guau por primera vez en Asturias

Una las labores de la asociación Punto Can es hacer accesibles los conocimientos a todos los colectivos y facilitar la formación e información acerca de la  convivencia entre personas y perros basada en el respeto.

Después de mucho deliberar acerca de cuál seminario sería el idóneo para comenzar con los ciclos de formación nos decidimos por el Seminario de Cachorros de Mas que Guau.

Seminario de cachorros asturias punto can

¿Por qué cachorros?

Ya hemos hablado en nuestro blog del proceso de adaptación idóneo. Creemos que existen demasiados falsos mitos aún acerca de cómo recibir a un cachorro y educarlo. Trabajar desde la prevención de una manera continuada ayuda a prevenir lo que se considerarían problemas futuros.

Tanto a nivel propietario de perros , tanto si tienes cachorros actualmente ó no, como profesional (veterinarios, cuidadores, paseadores, peluquera canina, cuiadores de entidades protectoras y perreras ) nos resulta interesante.

¿Por qué es interesante este seminario?

Casi todos hemos tenido cahorros en casa y realmente muchas veces ignoramos el tipo de impronta que han tenido ó quizás somos conscientes de las condiciones ( afortunadamente cada vez somos más conscientes de que no debemos comprar animales en tiendas) en las que pudieran haber estado (buenas o malas) y que acabamos de separlo de su madre y hermanos, con lo que ello conlleva.

Es indiferente si ahora convives con un cachorro o no, el seminario es altamente recomendable, puesto que en un futuro si eres amante de los perros y te mueves en el mundo canino seguramente se volverá a cruzar un cachorro en vuestras vidas.

En este curso, entenderemos y desterraremos esos falsos mitos y tendremos herramientas que nos resultarán más lógicas y sencillas de usar. Aprenderemos a diferenciar lo que es natural en esta edad, de lo que sería un problema de comportamiento.

Si se realiza una buen trabajo con el cachorro, cuando hablamos de trabajo no nos referimos a trabajar el cachorro, sino a nosotros planificar, preveer y actuar coherente y consecuentemente… en unos meses la diferencias pueden residir en tener un perro que se va habituando de una manera positiva al veterinario, a las manipulaciones, a la peluquería, a los ruidos, etc… a un perro que no. ( Teniendo en cuenta que cada perro es un individuo diferente, con unas necesidades diferentes y un proceso de maduración diferente).

El temario abarca desde qué es un cachorro y entender sus etapas hasta la revolución hormonal dela preadolescencia, pasando por puntos importantísimos como la licencia de cachorro, socialización y gestión de miedos y estrés.


“El verdadero objetivo de la educación temprana no es tener un cachorro que se porte bien.

Es preparar el futuro para tener un adulto sin problemas de comportamiento”

Santi Jaime Vidal Guzmán.


¿Por qué Mas que Guau?

En Punto Can queremos ponéroslo fácil y acercaros lo más posible este tipo de educación y formación. 20 años de experiencia en el mundo del perro trabajando en una línea respetuosa es una carta de presentación a nivel profesional excelente.

Trabajan dariamente con perros con problemas de comportamiento, realizan adiestramiento de perros detectores y especialistas a parte de impartir formación de calidad y tener tres libros publicados.

¿Por qué en el albergue El Perro Verde?

El albergue se encuentra en el Barrio de San Justo, Villaviciosa y  cuenta con un terreno de 4.000 metros de terreno perfectamente vallado en un entorno natural,a escasos 10 minutos de playas y a 20 minutos de Gijón.

Está perfectamente comunicado, si vas en autobús tienes una parada a 20 metros del albergue.

El perro verde seminario de cachorros punto can mas que guau

Porque sinceramente nos gusta que hayan elegido su nombre por los perros y su filosofía que se basa en ser un punto de encuentro sean cuales sean nuestras características, condiciones y circunstancias… así que para nosotros son Punto Can y nos encantará ser Perros Verdes!

Desde Punto Can queremos que os encontréis cómodos y ofreceros un pack completo en este entorno fantástico.

El seminario será los días 24 y 25 de Octubre de 2.015 os ofrecemos 2 alternativas:

  • Seminario+Desayuno+Comida 2 días
  • Seminario+Alojamiento+Desayuno+Comida+Cena 2 días

Si te encanta tanto que quieres venir antes ó quedarte más días no dudes en comentárnoslo para hablar con la dirección del Albergue y que os realicen alguna promoción.


Las plazas para el seminario de cachorros son limitadas para ofreceros una formación de calidad. El periodo de preinscripción finaliza el día 15 de septiembre así que si aún no lo has hecho ( corre que vuelan), puedes escribirnos desde nuestro formulario de contacto ó bien contactar con nosotros en hola@puntocan.org

¿Se os ocurre mejor manera de pasar un fin de semana aprendiendo de y con los perros en un entorno ideal?

Estamos deseando que llegue el día.

Lo siento, lo siente. Punto Can es antitaurino.

No es ningún secreto que desde Punto Can nos preocupan los animales y no sólo los perros aunque centremos nuestra labor en ellos; tampoco nadie se sorprenderá si le decimos que parte de nuestra filosofía de defensa del bienestar animal se apoya en gran parte en nuestra completa convicción de que son seres sintientes, diferentes a nosotros en muchas cosas pero similares en otras muchas, seres que sienten dolor, gozan de la compañía y el cariño, se asustan, se estresan y se alegran, capaces de sentir placer y felicidad y que viven su vida a nuestro lado. Nos preocupa que esto, en apariencia tan sencillo y evidente, no sea algo generalizado, no sea un hecho y no una opinión a estas alturas y con tantos datos que lo avalan, nos preocupa que exista maltrato de cualquier tipo, desde que los perros, por ejemplo, estén atados hasta el fin de sus días como meros adornos de jardín, hasta el que no se cubran sus necesidades básicas o el maltrato físico tan evidente y despreciable y nos indigna profundamente; y no sólo que esto no se haga extensivo a todos los animales, sino que, para colmo, se siga defendiendo el maltrato como algo lúdico y existan tradiciones basadas en ello precisamente, algo que debería erradicarse desde ya. Lo que ya resulta el colmo es que se insulte al arte tratando de usarlo como envoltorio de regalo para su defensa y a la cultura como escudo ante los ataques y las voces que cada vez de forma más intensa y convencida (y con razón) piden su abolición.

No es que no sea tradición pero, que algo se lleve haciendo toda la vida, no implica necesariamente que sea bueno, necesario o efectivo: cada día, en nuestro trabajo con perros lo podemos ver, métodos educativos que antaño se veían como los mejores, vemos que cojean o no son, desde luego los más efectivos, correas y collares “educativos” que ha quedado claramente demostrado que no eran tales… y no pasa nada por desterrarlos, y no pasa nada por no usarlos más, y no pasa nada porque se haya demostrado que no sirven y queden para un museo porque eso significará que tenemos la mente abierta, que nos han dado datos, pruebas, que hemos aprendido de la experiencia y que hemos llegado a la conclusión de que no merecen la pena y de que hay otras formas de hacer las cosas mucho mejor… lo malo es cuando, a pesar de esos datos y pruebas, nos cerramos en banda con argumentos indefendibles sólo porque… pues porque sí, porque no hay una explicación ni un motivo razonable aparte, en la mayor parte de los casos, el dinero o la extraña idea de que es algo “cool”. Seguro que estas tradiciones pueden renovarse y, aunque puedan recordarse, este recuerdo ha de ser sin dañar a nadie… igual que las recreaciones de batallas no se hacen con balas de verdad.

Punto Can antitaurina, lo siento lo siente

 El animalismo no es que esté de moda, como dicen sus atacantes y aunque lo estuviera, eso no sería malo sino todo lo contrario; es que está en auge porque cada vez somos más los que nos damos cuenta de que hay cosas que no se pueden dejar como están por pura lógica. Nos modernizamos en todo, en el vestir, en las comunicaciones y en nuestro día a día y nadie se escandaliza por ello pero no tenemos derecho a ser tan prepotentes que nos creamos tan por encima de otras especies, no tanto como para creernos sus dueños y señores y disponer de sus vidas a nuestro antojo y sin medida y, desde luego, no tanto como para hacer de su tortura y muerte una fiesta. Vergonzoso. El toro sufre y mucho, siente como nosotros y se aparta una mosca si se le posa encima. Da que pensar, ¿verdad? Si siente la mosca, es bastante probable que sienta las banderillas, las bolas de fuego atadas a sus cuernos, que le golpeen y tiren del rabo en los San Fermines

No ha lugar a entrar en contestar a argumentos tan inconsistentes y fácilmente rebatibles como el dinero que se mueve, que cae para unos pocos y que bien podría salir de otras empresas más dignas, o los puestos de trabajo que proporciona. En el diario.es ya en 2013 se cuestionaba la idea de las subvenciones, esas que lejos de ir en favor de causas más nobles acaban en los bolsillos de unos pocos que se suben al carro de un negocio que goza de publicidad gratuíta y dinero público en su mayor parte y que mueve un mínimo de empleos si nos fijamos en el total general,por no hablar de aquel tan recurrente que dice que animales como el toro se extinguirían… cosa que seguro que les preocupa muchísimo cuando son su principal causa de muerte (esto es más que sorprendente) ni entraremos en si es “respetable” porque, oh! sorpresa, no todo absolutamente todo es ni ha de ser respetable y el maltrato en términos generales, es, sin duda, una de esas cosas. NO es respeto que te maten torturándote a ritmo de pasodoble mientras jalean y aplauden.


¿Es acaso eso respeto para el animal que tanto dicen amar?

¿Puede desear ese final alguien para un ser a quien “respeta” y quiere?


En apariencia, es poco menos que una burla. Y lo de Tordesillas y el toro de la Vega ya roza los límites de lo enfermizo porque ninguna mente sana y consciente puede disfrutar de algo semejante.

Sabemos que estamos avanzando en el camino a un mundo más justo, sabemos que vamos despacio y que quedan muchos muros por derribar pero vamos a por ellos por ellos, por los que, sin poder defenderse, dependen de nosotros para hacerlo.


Parte del camino es estar y hacernos visibles por eso el próximo sábado de Agosto os animamos a formar parte de la Manifestación Antitaurina en Gijón:

? MANIFESTACIÓN ANTITAURINA Gijón/Xixón
Sábado, 15 de Agosto 2015
16:30 horas.
Salida desde la Plazuela de San Miguel.
Convoca: Anadel

Por un Gijón sin corridas de toros. Anadel Punto Can


Despacio pero sin pausa por los que, muy lejos de ser los “que no tienen voz”, la tienen pero no son entendidos, gritan pero no son escuchados y nos miran pero no los queremos ver porque da pena mirar, porque es más fácil dejar que lo hagan otros. Estamos en el camino de ver cansados ya de tanto esfuerzo a veces, cómo cada vez más personas nos acompañan en él por una sociedad más justa para todos los seres sintientes y eso pasa por desterrar y enterrar tradiciones obsoletas que sólo debieran recordarse, como tantas otras cosas, en los libros de historia y los museos. Muchos pasos se han dado ya y muchos quedan por dar… lo importante no es correr (el que corre, se puede tropezar), sino estar y seguir estando y en Punto Can nos comprometemos a estar ahí con vosotros y a seguir diciendo orgullosos NO AL MALTRATO ANIMAL hasta que ya no haga falta decirlo.

Lo Siento. Lo Siente.

Fuentes:

http://www.eldiario.es/zonacritica/oscuro-mantenimiento-tauromaquia_6_138296187.html

PACMA

ANADEL

El Proyecto Mini Can llega a la Escuelona en Gijón

El cuento de Pulgarcito.

Erase una vez un pobre campesino. Una noche mientras se encontraba sentado atizando el fuego, mientras que su esposa hilaba sentada a su lado Ambos se lamentaban de hallarse en un hogar sin niños.

-¡Qué triste es no tener hijos! -dijo él-. En esta casa siempre hay silencio, mientras que en los demás hogares hay tanto bullicio y alegría…

-¡Es verdad! -contestó la mujer suspirando-. Si por lo menos tuviéramos uno, aunque fuese muy pequeño y no mayor que el pulgar, seríamos felices y lo querríamos de todo corazón.

Y entonces sucedió que la mujer se indispuso y, después de siete meses, dio a luz a un niño completamente normal en todo, si exceptuamos que no era más grande que un dedo pulgar.

-Es tal como lo habíamos deseado. Va a ser nuestro hijo querido.

Y debido a su tamaño lo llamaron Pulgarcito. No le escatimaron la comida, pero el niño no creció y se quedó tal como era en el momento de nacer. Sin embargo, tenía una mirada inteligente y pronto dio muestras de ser un niño listo y hábil, al que le salía bien cualquier cosa que se propusiera.

Un día, el campesino se aprestaba a ir al bosque a cortar leña y dijo para sí:

-Ojalá tuviera a alguien que me llevase el carro.

-¡Oh, padre! -exclamó Pulgarcito- ¡Ya te llevaré yo el carro! ¡Puedes confiar en mí! En el momento oportuno lo tendrás en el bosque.

El hombre se echó a reír y dijo:

-¿Cómo podría ser eso? Eres demasiado pequeño para llevar de las bridas al caballo.

-¡Eso no importa, padre! Si mamá lo engancha, yo me pondré en la oreja del caballo y le iré diciendo al oido por dónde ha de ir.

-¡Está bien! -contestó el padre-, probaremos una vez.

Cuando llegó la hora, la madre enganchó el carro y colocó a Pulgarcito en la oreja del caballo, donde el pequeño se puso a gritarle por dónde tenía que ir, tan pronto con un “¡Heiii!”, como con un “¡Arre!”. Todo fue tan bien como si un conductor de experiencia condujese el carro, encaminándose derecho hacia el bosque.

Sucedió que, justo al doblar un recodo del camino, cuando el pequeño iba gritando “¡Arre! ¡Arre!” , acertaron a pasar por allí dos forasteros.

-¡Cómo es eso! -dijo uno- ¿Qué es lo que pasa? Ahí va un carro, y alguien va arreando al caballo; sin embargo no se ve a nadie conduciéndolo.

-Todo es muy extraño -dijo el otro-. Vamos a seguir al carro para ver dónde se para.

Pero el carro se internó en pleno bosque y llegó justo al sitio donde estaba la leña cortada. Cuando Pulgarcito vio a su padre, le gritó:

-¿Ves, padre? Ya he llegado con el carro. Bájame ahora del caballo.

El padre tomó las riendas con la mano izquierda y con la derecha sacó a su hijo de la oreja del caballo. Pulgarcito se sentó feliz sobre una brizna de hierba. Cuando los dos forasteros lo vieron se quedaron tan sorprendidos que no supieron qué decir. Ambos se escondieron, diciéndose el uno al otro:

-Oye, ese pequeñín bien podría hacer nuestra fortuna si lo exhibimos en la ciudad y cobramos por enseñarlo. Vamos a comprarlo.

Se acercaron al campesino y le dijeron:

-Véndenos al pequeño; estará muy bien con nosotros.

-No -respondió el padre- es mi hijo querido y no lo vendería ni por todo el oro del mundo.

Pero al oír esta propuesta, Pulgarcito trepó por los pliegues de la ropa de su padre, se colocó sobre su hombro y le susurró al oído:

-Padre, véndeme, que ya sabré yo cómo regresar a casa.

Entonces, el padre lo entregó a los dos hombres a cambio de una buena cantidad de dinero.

-¿Dónde quieres sentarte? -le preguntaron.

-¡Da igual ! Colocadme sobre el ala de un sombrero; ahí podré pasearme de un lado para otro, disfrutando del paisaje, y no me caeré.

Cumplieron su deseo y, cuando Pulgarcito se hubo despedido de su padre, se pusieron todos en camino. Viajaron hasta que anocheció y Pulgarcito dijo entonces:

-Bajadme un momento; tengo que hacer una necesidad.

-No, quédate ahí arriba -le contestó el que lo llevaba en su cabeza-. No me importa. Las aves también me dejan caer a menudo algo encima.

-No -respondió Pulgarcito-, yo también sé lo que son las buenas maneras. Bajadme inmediatamente.

El hombre se quitó el sombrero y puso a Pulgarcito en un sembrado al borde del camino. Por un momento dio saltitos entre los terrones de tierra y, de repente, se metió en una madriguera que había localizado desde arriba.

-¡Buenas noches, señores, sigan sin mí! -les gritó con un tono de burla.

Los hombres se acercaron corriendo y rebuscaron con sus bastones en la madriguera del ratón, pero su esfuerzo fue inútil. Pulgarcito se arrastró cada vez más abajo y, como la oscuridad no tardó en hacerse total, se vieron obligados a regresar, burlados y con las manos vacías.

Cuando Pulgarcito advirtió que se habían marchado, salió de la madriguera.

-Es peligroso atravesar estos campos de noche -pensó-; sería muy fácil caerse y romperse un hueso.

Por fortuna tropezó con una concha vacía de caracol.

-¡Gracias a Dios! -exclamó- Ahí podré pasar la noche con tranquilidad.

Y se metió dentro del caparazón. Un momento después, cuando estaba a punto de dormirse, oyó pasar a dos hombres; uno de ellos decía:

-¿Cómo haremos para robarle al cura rico todo su oro y su plata?

-¡Yo podría decírtelo! -se puso a gritar Pulgarcito.

-¿Qué fue eso? -dijo uno de los espantados ladrones-; he oído hablar a alguien.

Se quedaron quietos escuchando, y Pulgarcito insistió:

-Llévadme con vosotros y os ayudaré.

-¿Dónde estás?

-Buscad por la tierra y fijaos de dónde viene la voz -contestó.

Por fin los ladrones lo encontraron y lo alzaron hasta ellos.

-A ver, pequeñajo, ¿cómo vas a ayudarnos?

-¡Escuchad! Yo me deslizaré por las cañerías hasta la habitación del cura y os iré pasando todo cuanto queráis.

-¡Está bien! Veremos qué sabes hacer.

Cuando llegaron a la casa del cura, Pulgarcito se introdujo en la habitación y se puso a gritar con todas sus fuerzas.

-¿Quereis todo lo que hay aquí?

Los ladrones se estremecieron y le dijeron:

-Baja la voz para que nadie se despierte.

Pero Pulgarcito hizo como si no entendiera y continuó gritando:

-¿Qué queréis? ¿Queréis todo lo que hay aquí?

La cocinera, que dormía en la habitación de al lado, oyó estos gritos, se incorporó en su cama y se puso a escuchar, pero los ladrones asustados se habían alejado un poco. Por fin recobraron el valor diciéndose:

-Ese pequeñajo quiere burlarse de nosotros.

Regresaron y le susurraron:

-Vamos, nada de bromas y pásanos alguna cosa.

Entonces, Pulgarcito se puso a gritar de nuevo con todas sus fuerzas:

-Sí, quiero daros todo; sólo tenéis que meter las manos.

La cocinera, que ahora oyó todo claramente, saltó de su cama y se acercó corriendo a la puerta. Los ladrones, atemorizados, huyeron como si los persiguiese el diablo, y la criada, que no veía nada, fue a encender una vela. Cuando regresó, Pulgarcito, sin ser descubierto, se había escondido en el pajar. La sirvienta, después de haber registrado todos los rincones y no encontrar nada, acabó por volver a su cama y supuso que había soñado despierta.

Pulgarcito había trepado por la paja y en ella encontró un buen lugar para dormir. Quería descansar allí hasta que se hiciese de día para volver luego con sus padres, pero aún habrían de ocurrirle otras muchas cosas antes de poder regresar a su casa.

Como de costumbre, la criada se levantó antes de que despuntase el día para dar de comer a los animales. Fue primero al pajar, y de allí tomó una brazada de heno, precisamente del lugar en donde dormía Pulgarcito. Estaba tan profundamente dormido que no se dio cuenta de nada, y no despertó hasta que estuvo en la boca de la vaca que se había tragado el heno.

-¡Oh, Dios mío! -exclamó-. ¿Cómo he podido caer en este molino?

Pero pronto se dio cuenta de dónde se encontraba. No pudo hacer otra cosa sino evitar ser triturado por los dientes de la vaca; mas no pudo evitar resbalar hasta el estómago.

-En esta habitación tan pequeña se han olvidado de hacer una ventana -se dijo-, y no entra el sol y tampoco veo ninguna luz.

Este lugar no le gustaba nada, y lo peor era que continuamente entraba más paja por la puerta, por lo que el espacio iba reduciéndose cada vez más. Entonces, presa del pánico, gritó con todas sus fuerzas:

-¡No me traigan más forraje! ¡No me traigan más forraje!

La moza estaba ordeñando a la vaca cuando oyó hablar sin ver a nadie, y reconoció que era la misma voz que había escuchado por la noche. Se asustó tanto que cayó del taburete y derramó toda la leche. Corrió entonces a toda velocidad hasta donde se encontraba su amo y le dijo:

-¡Ay, señor cura, la vaca ha hablado!

-¡Estás loca! -repuso el cura.

Y se dirigió al establo a ver lo que ocurría; pero, apenas cruzó el umbral, cuando Pulgarcito se puso a gritar de nuevo:

-¡No me traigan más forraje! ¡No me traigan más forraje!

Ante esto, el mismo cura también se asustó, suponiendo que era obra del diablo, y ordenó que se matara a la vaca. Entonces la vaca fue descuartizada y el estómago, donde estaba encerrado Pulgarcito, fue arrojado al estiércol. Nuestro amigo hizo ímprobos esfuerzos por salir de allí y, cuando ya por fin empezaba a sacar la cabeza, le aconteció una nueva desgracia. Un lobo hambriento, que acertó a pasar por el lugar, se tragó el estómago de un solo bocado. Pulgarcito no perdió los ánimos. «Quizá -pensó- este lobo sea comprensivo». Y, desde el fondo de su panza, se puso a gritarle:

-¡Querido lobo, sé donde hallar un buena comida para ti!

-¿Adónde he de ir? -preguntó el lobo.

-En tal y tal casa. No tienes más que entrar por la trampilla de la cocina y encontrarás tortas, tocino y longanizas, tanto como desees comer.

Y Pulgarcito le describió minuciosamente la casa de sus padres.

El lobo no necesitó que se lo dijeran dos veces. Por la noche entró por la trampilla de la cocina y, en la despensa, comió de todo con inmenso placer. Cuando estuvo harto, quiso salir, pero había engordado tanto que ya no cabía por el mismo sitio. Pulgarcito, que lo tenía todo previsto, comenzó a patalear y a gritar dentro de la barriga del lobo.

-¿Te quieres estar quieto? -le dijo el lobo-. Vas a despertar a todo el mundo.

-¡Ni hablar! -contestó el pequeño-. ¿No has disfrutado bastante ya? Ahora yo también quiero divertirme.

Y se puso de nuevo a gritar con todas sus fuerzas. Los chillidos despertaron finalmente a sus padres, quienes corrieron hacia la despensa y miraron por una rendija. Cuando vieron al lobo, el hombre corrió a buscar el hacha y la mujer la hoz.

-Quédate detrás de mí -dijo el hombre al entrar en la despensa-. Primero le daré un golpe con el hacha y, si no ha muerto aún, le atizarás con la hoz y le abrirás las tripas.

Cuando Pulgarcito oyó la voz de su padre, gritó:

-¡Querido padre, estoy aquí; aquí, en la barriga del lobo!

-¡Gracias a Dios! -dijo el padre-. ¡Ya ha aparecido nuestro querido hijo!

Y le indicó a su mujer que no usara la hoz, para no herir a Pulgarcito. Luego, blandiendo el hacha, asestó al lobo tal golpe en la cabeza que éste cayó muerto. Entonces fueron a buscar un cuchillo y unas tijeras, le abrieron la barriga al lobo y sacaron al pequeño.

-¡Qué bien! -dijo el padre-. ¡No sabes lo preocupados que estábamos por ti!

-¡Sí, padre, he vivido mil aventuras. ¡Gracias a Dios que puedo respirar de nuevo aire freco!

-Pero, ¿dónde has estado?

-¡Ay, padre!, he estado en la madriguera de un ratón, en el estómago de una vaca y en la barriga de un lobo. Ahora estoy por fin con vosotros.

-Y no te volveremos a vender ni por todo el oro del mundo.

Y abrazaron y besaron con mucho cariño a su querido Pulgarcito; le dieron de comer y de beber, lo bañaron y le pusieron ropas nuevas, pues las que llevaba se habían estropeado en su accidentado vi