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Mini Can en La Escuelona en Gijón junto con La Protectora. Así os lo contamos.

Hace muy poquito la Asociación Punto Can tuvimos la oportunidad de trabajar y aprender con los alumnos de educación Infantil del colegio Ramón Menéndez Pidal, más conocido como «la Escuelona» en Gijón, acercándoles, en colaboración con la Fundación Protectora del Principado de Asturias, las claves para conocer mejor a los perros con los que convivimos cada día.

Fue una estupenda ocasión de enseñar a los niños y niñas que los perros no son juguetes, que son seres vivos que sienten, tienen necesidades, miedos…y alegrías, seres a los que hay que conocer y respetar y que, por el desconocimiento de algunas personas, en ocasiones, son abandonados a su suerte. Más de un niño que tenía miedo a los perros, con lo que aprendió, se lo perdió.


«Cuando escucho, entiendo, cuando veo, comprendo, cuando hago…aprendo»

María Montessori


 

Llegamos con las pilas cargadas y muchas ganas de conocer a aquellos peques que con tanto interés nos miraban con ojos atentos de querer aprender…

¿Nos miraban a nosotros? Bueno, en realidad a quien observaban con mayor atención era a Naya, una fantástica mini ayudante de cuatro patas que nos ofreció desde el primer momento la oportunidad de enseñarles cómo acercarse a un perro

Los más pequeños aprendieron enseguida con un cuento que los perros no sólo salen de las tiendas de mascotas, sino que hay muchos perritos abandonados de todos los tamaños, edades y características diferentes, esperando por la oportunidad de tener una familia en las perreras y protectoras. Les interesó el cómo llegaban allí, el por qué la gente los abandonaba porque sí o porque no les quedaba más remedio, el cómo algunos llegaban tras haberse escapado, la importancia del microchip que parecía de ciencia ficción pero que, en realidad era un «carnet de identidad perruno» que ayudaba a que se reencontrasen con su familia si se perdían. Aquellos niños entendieron con gran naturalidad que los perros de verdad no son como los de juguete y que parte de ser un niño mayor era saber que si no podías atenderlo, era mejor no tenerlo hasta que verdaderamente pudiesen y que si lo tenían, aun siendo un niño, podían hacer muchas cosas para cuidarlo y disfrutar de él aunque no fuesen lo suficientemente mayores como para pasearlo solitos.

A los mayores los hicimos trabajar un poco más y buscar las piezas de varios puzzles por toda la clase para luego unirlas y descubrir imágenes que sacaban a la luz secretos perrunos que enseguida descubrimos. Aprendimos su lenguaje, el cómo buscan comunicarse con nosotros, decirnos cosas y como no sabemos «hablar perro», no les entendemos, el cómo nos informan de si tienen miedo, están enfadados, quieren que nos acerquemos o no, jugar…

La parte más emotiva llegó cuando la responsable de de la Protectora y propietaria y compañera de Naya nos explicó cómo llegó a sus manos cuando su anterior dueña se puso enferma y se murió, pero en vez de abandonarla, la entregaron a una protectora para que le diese un buen hogar al no haber nadie que pudiese atenderla. Son muchas las historias diferentes de los perros abandonados y algunas, como la de Naya, tienen un final feliz.

naya puntocan fundacion protectora

Hablamos también de las cosas que necesita un perro al llegar a casa, de su médico el veterinario, de juguetes, de la necesidad de un espacio propio donde no se le moleste, de su alimentación, de enseñarle bien, pero bien, bien, como a nosotros nos gustaría que nos enseñasen, sin golpes, sin gritos… enseñar, en definitiva, «de verdad» porque a fin de cuentas todos somos seres vivos que queremos disfrutar y ser respetados y todos aprendemos más fácilmente si en vez de decirnos lo que no podemos hacer, nos enseñan lo que sí podemos, es decir, buscando el acierto en lugar de perseguir y castigar el error. Llegados a este punto, nos demostraron tener una empatía mayor que muchos adultos, sabiendo ponerse en el lugar del perro, entendiendo cómo a ellos mismos les gustaría que se les enseñase.

Hablamos, cómo no, de lo importantísimo que era el paseo para mucho más de lo que pensábamos, no sólo es salir a la calle, es salir al mundo, a relacionarse, a conocer a otros y a hacer amigos, a oler cosas nuevas… Y tratamos un tema muy serio aunque hemos de reconocer que despertaba un poco la sonrisa… el tema de que los perritos tienen que «ir al baño» y nosotros, como dueños responsables, debemos estar atentos para recoger las cacas del suelo y aunque a priori pudiese parecernos una tarea desagradable, al convertirlo en un juego, vimos que era rápido, fácil y muy necesario ¿Un juego? Pues sí… porque como decía AlberT Einstein: «El aprendizaje es experiencia», así que, en unos minutos, nuestro «parque» estaba lleno de bolitas de plastilina que simulaban cacas y cada uno de nuestros niños, bolsa en mano, listo para empezar una carrera de relevos para recogerlas y cómo lo hicieron de bien. Muchos adultos bien podrían aprender de ellos.

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Un karaoke de canción perruna, nos hizo resumir con música lo principal de lo aprendido y los mejores bailarines, hasta se aprendieron la coreografía y antes de irnos, ya como grandes expertos, dejamos constancia de nuestro paso, cómo no, con una huella que cada uno pintamos en un panel enorme y que nos hizo darnos cuenta de que, una huella sola puede parecer poca cosa, pero muchas huellas juntas son muchas «patas» para caminar y seguir aprendiendo juntos en el camino.

Por supuesto agradecer a la Fundación Protectora y a la Escuelona su invitación y su compromiso con el bienestar de humanos y perros.

Si te ha gustado puedes contactar con Punto Can, estaremos encantados de colaborar todos juntos, os recordamos nuestros talleres para Junio, os esperamos!